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PUBLICACION TRIMESTRAL DEL PROGRAMA MUJERES Y SALUD DE ISIS INTERNACIONAL

 

INDICE
> Presentación
> Lo que el SIDA nos ha dejado
> SIDA: La marca de género
> Panorama mundial del SIDA

Agenda Salud Nº 21 Enero-marzo 2001

PRESENTACION

Son múltiples los factores que inciden en la expansión del VIH/SIDA: la marginación económica, las costumbres ancestrales, la injusticia social, la discriminación, la pobreza, las desiguales relaciones entre hombres y mujeres, entre otros. Ello hace decir a Mariana Iurcovich, autora de uno de los artículos que presentamos en esta Agenda Salud, que el VIH/SIDA es un fenómeno bio-psico-socio-económico-religioso-cultural, que atraviesa al conjunto de la sociedad.

Si bien la epidemia afecta mundialmente más a hombres que a mujeres (excepto en el Africa al sur del Sahara, donde el 55 por ciento de los adultos con VIH son de sexo femenino), diversos estudios muestran que la subordinación de las mujeres juega un papel esencial en el patrón de transmisión heterosexual del virus, lo que incide directamente en la infección de mujeres y de sus hijos/as.

Por ello, los grupos de mujeres están insistiendo, cada vez más, en la importancia de la perspectiva de género al momento de repensar las políticas de prevención del VIH/SIDA. Así lo ha entendido la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos, que ha decidido dedicar el próximo 28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, a la lucha contra el VIH/SIDA. Para la Red Mundial, el SIDA es una enfermedad con carácter de género, aludiendo, en particular, al concepto de vulnerabilidad, que significa que los grupos marginados ­social, económica, política o culturalmente­ son los que tienen mayor riesgo de contraerlo. Y dentro de estos grupos están las mujeres. Por tanto, para la Red Mundial es fundamental hacer cambios estructurales en el ámbito económico, social y cultural, que beneficien a las mujeres.

LO QUE EL SIDA NOS HA DEJADO
Carmen Torres

En una de nuestras publicaciones de 1990, decíamos que "oficialmente, más de 180 mil personas han contraído el SIDA a nivel mundial, pero la Organización Mundial de la Salud estima que la cifra real es cercana a las 600 mil personas".

Diez años después, la misma fuente señala que en diciembre del 2000 el número de mujeres, hombres, adolescentes y niños/as que viven con el VIH o con SIDA alcanza la impresionante suma de 36,1 millones. Tal cifra sobrepasa en más de un 50 por ciento las proyecciones que el Programa Mundial sobre el SIDA efectuó en 1991, a partir de los datos que en ese momento se conocían.

Las cifras son abrumadoras, porque a esos 36 millones se deben agregar los casi 22 millones de muertes y los 13 millones de huérfanos/as que ha provocado la pandemia desde su aparición en los primeros años del decenio de los ochenta.

De esos 36 millones de personas portadoras del VIH o que han contraído el SIDA, 25 millones viven en el Africa al sur del Sahara (casi el 70 por ciento), lo que la ubica, de lejos, en la región donde la epidemia se ha extendido más rápidamente.

Pilar Estebánez, presidenta honoraria de Médicos del Mundo-España (Le Monde Diplomatique, marzo 2001), indica que una posible razón de esta expansión, sobre todo en sectores rurales de Africa, es la emigración de hombres hacia los yacimientos mineros de Botswana, Swazilandia, Zimbabwe, Lesotho, Sudáfrica, Zambia, Namibia, República Democrática del Congo y Malawi, lugares en los que mantienen relaciones sexuales no protegidas con portadoras de enfermedades de transmisión sexual (ETS) y de VIH "en proporciones particularmente elevadas". La espiral de la contaminación es clara cuando vuelven temporalmente a sus hogares: "un estudio llevado a cabo en 1997 en el distrito de Kuazalu Natal (Sudáfrica), reveló un aumento alarmante de la tasa de personas infectadas por el VIH (hasta el 26 por ciento en las mujeres embarazadas). Las parejas de la mayoría de estas mujeres habían emigrado para trabajar en las minas. En cambio, aquellas cuyos maridos no habían emigrado, o que vivían con una pareja fija, estaban menos afectadas."

Esto explicaría, en parte, el hecho de que la infección intrauterina se esté convirtiendo en una de las principales vías de transmisión de la enfermedad a los niños y a las niñas africanos/as. Basándose en datos del Banco Mundial, Anatole Ayissi (Le Monde Diplomatique, marzo 2001), señala que, con respecto al total mundial, "dos tercios de los casos de transmisión del SIDA de la madre al niño tienen lugar en Africa."

Lo que sucede con las mujeres africanas, contaminadas por sus maridos o parejas, es una muestra clara del patrón de infección heterosexual que se está dando en ese continente. El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) indica que en todo el mundo hay más varones que mujeres infectados por el VIH y que fallecen a causa del SIDA, excepto en el Africa subsahariana, en donde el 55 por ciento de los adultos con VIH positivo es de sexo femenino.

Para ONUSIDA, "el comportamiento de los varones ­influido a menudo por creencias culturales perjudiciales sobre la masculinidad­ los convierte en víctimas propiciatorias de la epidemia". Agrega que "el comportamiento masculino también contribuye a la infección por el VIH en las mujeres, que, a menudo, tienen menos poder para determinar dónde, cuándo y cómo se llevan a cabo las relaciones sexuales" (ONUSIDA/OMS, 2000).

A las razones culturales se agrega la pobreza de la mayoría de los países del Africa subsahariana, que no están en condiciones de financiar los tratamientos contra el SIDA. Estos, por lo demás, siguen siendo extremadamente caros.

Hace un año, los medicamentos para frenar el progreso del SIDA costaban anualmente entre diez mil dólares y quince mil dólares por persona. De acuerdo a la directora de la Organización Mundial de la Salud, Gro Harlem Bruntland, hoy día las terapias antirretrovirales combinadas están disponibles en algunos países africanos por aproximadamente mil dólares por persona al año y podrían reducirse a unos 600 dólares (Bruntland, 2001). Pero el limitado presupuesto que muchos gobiernos de Africa dedican a los cuidados de salud hace difícil universalizar el acceso a esos medicamentos.

En lo que respecta al continente asiático, sólo tres países ­Camboya, Myanmar y Tailandia­ presentan tasas de prevalencia superiores al uno por ciento entre las personas de 15 a 49 años de edad. Sin embargo, ONUSIDA señala que el número de infecciones aumenta rápidamente. En Asia meridional y suroriental, por ejemplo, 780 mil adultos y niños contrajeron la enfermedad en el año 2000. De éstos, casi dos tercios son varones.

Los países de Europa oriental y de la ex Unión Soviética presentan algunas de las tendencias más espectaculares de la pandemia. Esta región, caracterizada anteriormente por tasas de prevalencia muy bajas, "se enfrenta ahora con un aumento muy pronunciado en el número de nuevas infecciones, pasando de 420 mil casos al final de 1999 a, como mínimo, 700 mil un año más tarde" (ONU/ONUSIDA, 2001). La mayoría de estas nuevas infecciones se da en varones consumidores de drogas intravenosas.

América Latina y el Caribe
Alrededor de 1,4 millones de personas que habitan América Latina y el Caribe viven con el VIH o con SIDA. En esta región, el VIH se propaga a través de las relaciones sexuales entre varones, entre varones y mujeres, y por el uso de drogas intravenosas. Dentro de la región, los países del Caribe son los que más preocupan a los organismos internacionales de salud, ya que sus tasas de VIH son las más altas fuera de Africa. El patrón de transmisión vigente en el Caribe se da por las relaciones sexuales entre varones y mujeres, lo que implica un riesgo de infección para una proporción mucho más grande de la población.

El aumento del VIH y del SIDA en el Caribe hizo que en el año 2000 se realizaran tres reuniones de estadistas de esa región con el fin de frenar la enfermedad. En uno de esos encuentros, los jefes de gobierno de la Comunidad del Caribe (CARICOM) reconocieron que "la epidemia amenaza con revertir los logros de desarrollo alcanzados por la región durante las tres últimas décadas". Luego, en una reunión de alto nivel, en Barbados, se estableció el compromiso político de luchar contra la epidemia. En febrero de este año, se formó una coalición de altos funcionarios de los gobiernos del Caribe y de Naciones Unidas, que fijó el objetivo de reducir en un 50 por ciento la transmisión madre-hijo/a de aquí al año 2003, y en un 25 por ciento entre la juventud. El tratamiento de las personas seropositivas y la búsqueda de estrategias para combatir la estigmatización de éstas, fueron otros de los compromisos adquiridos.

Esfuerzos mundiales
La expansión del VIH/SIDA ha hecho que las Naciones Unidas decidieran, en noviembre pasado, llamar a una Sesión Especial sobre VIH/SIDA. Esta, que será de alto nivel político, se realizará en Nueva York entre el 25 y el 27 de junio del 2001. En un documento de febrero de este año, el Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, señala que el VIH/SIDA "es el mayor obstáculo para el desarrollo al que nos enfrentamos en nuestro tiempo", y hace un llamado a los gobiernos de todo el mundo para abordar en esa Sesión Especial siete imperativos críticos que ayudarían a frenar la epidemia del SIDA:

  • impulsar un liderazgo y una coordinación eficaces;
  • mitigar el impacto social y económico de la epidemia;
  • reducir la vulnerabilidad de determinados grupos sociales a la infección del VIH;
  • alcanzar las metas acordadas para la prevención de la infección por el VIH;
  • asegurar que la atención y apoyo estén disponibles para las personas infectadas y afectadas por el VIH/SIDA;
  • desarrollar productos básicos internacionales que sean pertinentes y eficaces, y
  • movilizar el volumen de recursos necesarios (0NU/ONUSIDA, 2001).

Acciones de las mujeres
Las diversas organizaciones que coordinan cada año el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer (entre ellas, Isis Internacional), el 28 de mayo, decidieron este año dedicarlo a la lucha contra el VIH/SIDA. El Llamado a la Acción tiene como objetivo convencer a quienes toman decisiones políticas y a quienes implementan los programas de prevención del VIH/SIDA a incorporar la perspectiva de género en sus programas y políticas.

El Llamado a la Acción hace hincapié en las discriminaciones de género que sufren las mujeres, especialmente las portadoras del VIH: (ellas) "reciben menos atención médica de calidad. Las investigaciones sobre la infección por VIH en la mujer son insuficientes. Estas se han centrado mayoritariamente en el hombre, lo que refleja el conocido prejuicio patriarcal (...) Se ha demostrado que tras recibir un diagnóstico desfavorable, las mujeres sucumben a la enfermedad más rápido que los hombres. Esto puede deberse al hecho de que el diagnóstico es tardío, a que reciben menos tratamiento, a que ponen su propia salud al último, atendiendo primero a sus familiares y parientes". Por otra parte, indica que, actualmente, la condición de las mujeres con VIH, con respecto a los servicios de salud, "está influida fuertemente por el racismo y el sexismo institucionalizados, la discriminación, las prácticas coercitivas y la vulneración de la privacidad y del secreto" (Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos, 2001).

El documento enfatiza el concepto de vulnerabilidad, que es cada vez más usado para explicar la expansión del VIH/SIDA y entender por qué "aumenta entre las poblaciones pobres, de menor nivel educativo, menos blancas, y entre las mujeres". El concepto de vulnerabilidad apunta a establecer que los grupos marginados, ya sea social, económica, política o culturalmente, son los que corren el mayor riesgo de contraer el VIH y desarrollar el SIDA.

También en la Sesión 45 de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, realizada entre el 6 y el 16 de marzo del 2001 en Nueva York, se trató el VIH/SIDA. En particular, se analizaron dos temas: mujeres, niñas y el VIH/SIDA; y género y todas las formas de discriminación (racismo, discriminación racial, xenofobia, entre otras). Esto es la continuación del debate que se ha dado en las últimas sesiones de la Comisión, ante la constatación del aumento de las mujeres que vive con VIH/SIDA. En noviembre del 2000, la Comisión ­en conjunto con la OMS/ONUSIDA­ convocó a una reunión de personas expertas, en Namibia, sobre el tema "La pandemia del VIH/SIDA y sus implicaciones de género", donde se redactó el informe que fue discutido ahora en Nueva York.

Al cierre de esta edición, no existía un borrador final aprobado. Sin embargo, este deberá presentarse y discutirse en la Sesión Especial de las Naciones Unidas sobre VIH/SIDA que se realizará en Nueva York entre el 25 y el 27 de junio del 2001.

Bibliografía
Ayissi, Anatole. 2001. Africa, arrasada por la enfermedad. Una cuestión de muerte o pobreza. Le Monde Diplomatique, marzo 2001, edición chilena, pp.24-25.
Bruntland, Gro Harlem. 2001. Fármacos más baratos brindan esperanza en la lucha contra el SIDA. Boletín electrónico LaTertulia, vol. IV, Nº 7, 17 de febrero del 2001, página 12.
Estebánez, Pilar. 2001. Yacimientos de infecciones. Le Monde Diplomatique, marzo 2001, edición chilena, página 24.
ONU, ONUSIDA. 2001. Comunicado de prensa conjunto de la ONU y ONUSIDA: El Secretario General de las Naciones Unidas insta a los gobiernos a abordar el problema del SIDA. 20 de febrero de 2001.
ONUSIDA/OMS. 2000. La epidemia de SIDA: situación en diciembre de 2000. Disponible en: www.unaids.org
Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos. 2001. 28 de mayo. Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer. Llamado a la Acción.


Interacción de factores que impulsan la transmisión sexual

Datos procedentes de todo el mundo indican que múltiples factores contribuyen al arranque de una epidemia de VIH de transmisión sexual, o a impulsarla a niveles superiores. Entre ellos, los más importantes parecen ser:

Factores sociales y de comportamiento:

  • Uso escaso o nulo de preservativos.
  • Una gran proporción de la población adulta con múltiples parejas.
  • Relaciones sexuales simultáneas y no secuenciales. Las personas son altamente infecciosas cuando han contraÍdo el VIH recientemente, de manera que tienen mayores probabilidades de infectar a sus parejas.
  • Grandes redes sexuales (formadas a menudo por individuos que se desplazan continuamente entre el hogar y un lugar de trabajo distante).
  • Diversidad de edades, habitualmente entre muchachas o mujeres jóvenes y varones de mayor edad.
  • Dependencia económica de las mujeres del matrimonio o la prostitución, lo que les impide controlar las circunstancias o la seguridad de las relaciones sexuales.

Factores biológicos:

  • Tasas elevadas de infecciones de transmisión sexual, especialmente las que causan úlceras genitales.
  • Tasas bajas de circuncisión masculina.
  • Carga elevada del virus. Los niveles del VIH en el torrente sanguíneo suelen ser máximos cuando la persona apenas contrae la infección y, de nuevo, en las etapas tardías de la enfermedad.

Aunque todos estos factores ayudan a propagar el virus, no se sabe exactamente cuánto contribuye cada uno ni hasta qué punto necesitan combinarse para atizar las llamas de la epidemia.
Lo que sí es claro es que los países que implementan programas preventivos eficaces que fomenten la abstención sexual, la fidelidad y las relaciones sexuales seguras, reducen sus tasas de nuevas infecciones. Un factor crucial es el fomento de los preservativos (tanto los masculinos tradicionales como los femeninos). En este sentido, es necesario fabricar preservativos de buena calidad, baratos y fácilmente disponibles. Los preservativos son protectores, independientemente de la edad o movilidad de las parejas, el alcance de sus redes sexuales o la presencia de otras infecciones de transmisión sexual.

Fuente:
ONUSIDA/OMS 2000. La epidemia de SIDA: Situación en diciembre de 2000.
Disponible en Internet: http://www.unaids.org/epidemic_update/report_dec00/index_dec.html

SIDA: LAS MARCAS DE GENERO
Mariana Iurcovich*

Existe una gran diferencia entre las vivencias de las mujeres y lo que a ellas les gustaría que fueran sus prácticas sexuales y sus relaciones interpersonales. Quizá este sea el aspecto central de la sexualidad para la mujer.
El VIH no inventó esto. Este virus ha logrado prosperar en la realidad de la experiencia sexual de la mujer.
Marge Berer



El SIDA se ha ido instalando en nuestra cultura global desde hace casi dos décadas. Probablemente sea el fenómeno que ha atravesado a todo nuestro planeta, dejándonos con una sensación de pertenencia universal.

El SIDA abarca a todas las sociedades. Hemos sido protagonistas pasivas y pasivos de un evento que ha ido cambiando. En los tempranos ochenta, se trataba de una infección que, se suponía, afectaba sólo a varones homosexuales, bisexuales y adictos por vía endovenosa. Pero esto cambió, y son las mujeres y los niños quienes preocupan desde hace años a los técnicos que trabajan en estrategias de comunicación para advertir de este giro repentino. ¿Dónde estábamos? ¿Dónde estamos?

Si entendemos la problemática del SIDA como un fenómeno bio-psico-socio-económico-religioso-cultural, etc. (y se pueden ir sumando más variables conforme pasa el tiempo), y, además, como un fenómeno que atraviesa a la sociedad en forma completa, entenderemos que el eje desde el cual las terapeutas intervenimos está más cerca de un contexto histórico-social que del psiquismo de nuestras/os consultantes.

Una de las mayores dificultades para entender por qué aún se siguen infectando miles de personas diariamente en el mundo, es comprender esta contradicción o singular característica del SIDA, es decir, cómo aquellos mismos elementos que generan vida, tales como el semen, la sangre, los fluidos vaginales, tienen el poder ­en sí mismos­ de contaminar a otro.

¿Será que no ha transcurrido aún el tiempo intrapsíquico suficiente para aceptar las normas que el SIDA impone? ¿O será una dificultad de la condición humana el cambio de comportamiento, de hábitos, impuesto por una condición externa a la voluntad?

Para la mayoría de las mujeres, inmersas en un modelo de sexualidad dominado por lo masculino, resulta más difícil aún, ya que es necesario cuestionar el sistema de creencias en el que fueron construyendo su identidad. Para poder desarrollar habilidades de comunicación que les permitan protegerse, ellas deben cuestionar un modelo donde el rol femenino pasivo es el imperante.

Algunos estudios sobre cambios de comportamiento indican que la mayoría de las personas necesita atención y apoyo para cambiar comportamientos poco saludables. Para algunas, a la vez, la modificación del comportamiento mediante cambios progresivos es más fácil de lograr que producir un cambio global del estilo de vida. No obstante, estos estarán sujetos al contexto vincular en el cual la persona está inmersa.

¿Sexo seguro?
Por razones anatómicas, la probabilidad de transmisión del VIH a través de la relación sexual vaginal es mayor de hombre a mujer que viceversa. Esto, sumado al problema cultural de las mujeres respecto a la habilidad necesaria para la negociación del sexo seguro, como equivalente a la utilización del preservativo masculino, coloca a la mujer en un lugar de vulnerabilidad ligado a los factores socioculturales.

Luego de la revolución sexual de la década del setenta, gracias al descubrimiento de diferentes tecnologías para el control de la natalidad ­cuyo uso depende exclusivamente de la voluntad de la mujer, ya que es su cuerpo el que está en juego­, las decisiones tienen cierto sesgo de individualidad.

Paradójicamente, el SIDA nos lleva a tener que volver a compartir "la responsabilidad". Ya no se trata de lo obvio, de lo hablado, de cómo evitar un embarazo cuando ambos saben que existe el riesgo. Ahora se trata de lo silenciado, de lo que no se puede expresar, porque, si se le menciona, se abre la posibilidad de que "el otro" desconfíe, de que no lo considere como una medida de protección mutua, pese a que lo que está en juego es el contagio de un virus de propagación pandémica.

Es curioso que en un momento en el cual el fenómeno del SIDA trae, entre otros mensajes, el de compartir responsabilidades, se cree un preservativo femenino, método de protección donde la mujer prescinde del "otro" para su utilización. Esto pone en evidencia nuevamente la dificultad de compartir esta responsabilidad. ¿Qué se está silenciando con esto?

Las prácticas de poder
La falta de seguridad para la negociación del sexo seguro en las relaciones sexuales se debe principalmente a la diferencia de poder social, físico y, a veces, económico entre el hombre y la mujer. Históricamente, las mujeres han sido educadas para ser el sexo débil y son tratadas como tal por sus familias, religiones, colegios, patrones, y por las políticas gubernamentales.

La actitud del hombre con respecto a la compra del sexo es la misma que la que tiene en todas sus relaciones sexuales: el control; de hecho, la responsabilidad de la utilización del preservativo, en última instancia, es su decisión.

Las razones por las que los clientes masculinos de las trabajadoras del sexo se niegan a usar preservativos están basadas en una diferencia de poder. Los hombres tienen el dinero, la fuerza física y el derecho definido por su sexo para exigir de la mujer actividades sexuales específicas, que no necesariamente la protegen; al contrario, impiden la práctica del sexo más seguro o el uso de preservativos.

Sus tácticas incluyen:

  • Cuestionar el juicio de la mujer: "Seguro que puedes confiar en mí, ¿no?".
  • Humillarla: "¿Por qué un preservativo, acaso estás enferma?".
  • Enfrentar a una mujer con comparaciones: "Eres la única que en estos últimos meses me exige que use esto".
  • Ofrecer dinero o amenazar con marcharse.
  • Decir que está de acuerdo en usar el preservativo y luego, a último momento, prescindir de su uso.
  • Utilizar la violencia y la fuerza.

La mayoría de estas tácticas, o incluso todas, también pueden resultar familiares a mujeres que no son trabajadoras del sexo. Comparto estos ejemplos, ya que, aun no habiendo una transacción comercial mediante, mujeres casadas y solteras manifiestan esta imposibilidad de exigir cuidados, a veces a sabiendas de que su pareja mantiene múltiples contactos sexuales.

Esta conducta, si bien no es aplicable a todos los hombres, sigue siendo un denominador común en los diferentes continentes. Es la cultura masculina la que incita a que esto ocurra, y no lo condena.

La violencia sexual y la violación conllevan consecuencias particulares durante la epidemia de una enfermedad transmitida sexualmente. Las mismas constituyen una fuente de transmisión de VIH. Estas acciones se producen para expresar el desequilibrio de poder respecto de la mujer y culparla luego de haber sido la fuente de infección y por cualquier restricción impuesta en la vida sexual del hombre en aras del sexo más seguro. Son también utilizadas para silenciar los esfuerzos de la mujer en pro de la práctica del sexo sin riesgo.

Adecuación postdiagnóstico
En diferentes países de Asia y de América Latina ­llamados del tercer mundo­ he observado, en mi trabajo con mujeres, el mismo patrón de comportamiento, tanto frente al diagnóstico como en relación a la actitud de vida frente a la familia.

Las crisis asociadas con la etapa de impacto por el diagnóstico provienen de la ausencia o de la inadecuada preparación para afrontarlo. Se trata de un diagnóstico crónico, por tanto, las acciones preventivas son muy importantes, ya que la falta de preparación para los cambios predispone al estrés.

Es importante, entonces, desindividualizar ciertos problemas que son comunes a personas diagnosticadas con VIH y ubicarlos en un marco más preciso, clasificarlos de modo tal que ayude a disminuir la ansiedad que producen.

Este momento, naturalmente, está acompañado de preocupaciones reales, tales como la soledad, o relativas a la vida de pareja (como situación extrema), hasta poder decidir con quién y cuándo compartir el diagnóstico.

Las reacciones frente al mismo serán acordes a los recursos emocionales y psíquicos de la consultante. No obstante, las mujeres, aun cuando han sido maltratadas psicológicamente, en muchas ocasiones se atribuyen la responsabilidad del evento.
Las mujeres que conviven con el VIH cierran por largos períodos su capacidad de disfrutar sexualmente. No es tan fácil volver a transitarlo cuando éste ha sido el canal del contagio por el cual llegaron a esta situación.

La mujer cuida, protege, confía, comparte, se abre, es penetrada, hasta se podría decir violada, porque, cuando en la penetración hay riesgo para la transmisión de una enfermedad, seguramente no se trata de una decisión compartida. Este sentimiento de violación es transmitido habitualmente por las mujeres contagiadas vía sexual, ya sea con amantes ocasionales, o con esposos que mantienen otros vínculos sexuales.

El cuidado del "otro"
Las mujeres afectadas por el VIH deben lidiar con temas estrechamente vinculados con la maternidad, es decir, nuevamente con el cuidado de otros.

Las que tienen hijos deben resolver quién se hará cargo de los mismos, a mediano o largo plazo, cuando ellas enfermen.

Para aquellas que aún no son madres, este diagnóstico las coloca frente a la disyuntiva de elegir entre compartir o no con una posible pareja su diagnóstico, lo cual lleva implícita la imposibilidad de un embarazo, ya que esto podría poner en riesgo de contagio a su compañero. De estar éste también afectado por el VIH, existe la posibilidad de la reinfección para ambos, pero incluso en las situaciones en que ambos opten por este riesgo, lo que sucederá con el bebé no está garantizado, ya que los medicamentos a modo preventivo durante el embarazo reducen el porcentaje de nacimientos de bebés afectado por el VIH, pero no lo garantizan en todos los casos.

La alternativa de la adopción, donde este riesgo no existe, presenta el problema de la orfandad de la criatura a mediano plazo. Este tema problematiza a la mujer, puesto que el hombre parece no preocuparse en asumir responsabilidades respecto de lo que pasará a futuro, cuando hay hijos. Se sostiene, entonces, la ecuación de que todo lo relacionado a los hijos es responsabilidad de la mujer, incluso en estas condiciones.

Es llamativo el juego de poder que aparece en este contexto, en el que la responsabilidad de provocar el contagio es mayormente de parte del hombre, pero quien se hace responsable de las consecuencias, especialmente cuando hay hijos, es la mujer.

Por creencias religiosas, educación, rol asignado socialmente, las mujeres son poderosas dentro de la organización del hogar, pero no tienen posibilidad de diálogo con sus parejas, aun sabiendo que éstas mantienen vínculos sexuales fuera del hogar.

Esto hace que, en los casos en que las mujeres son contagiadas por sus esposos, la situación sea percibida de acuerdo a cánones según los cuales esta mujer pertenece al marido, por lo tanto el contagio es parte de esta no discriminación de sujetos.
Incluso en estas situaciones, son las mujeres quienes se ocupan de organizar con sus madres, hermanas o amigas, una red para garantizar que alguien se hará cargo de los hijos cuando ellas enfermen. Los hombres no se encargan de este papel.

El concepto de red de apoyo es importante frente a un diagnóstico con estas características, pero más importante aún es saber cuándo compartirlo, con quién y para qué.

¿Por qué las mujeres tienden a formar sus redes con otras mujeres? El circuito de compartir con pares ayuda a comprender mejor lo que está ocurriendo y la manera de buscar soluciones a problemas de largo plazo.

Las experiencias en países pobres muestra hasta qué punto la prostitución se convierte en un medio de sobrevivencia frente a la necesidad de tener que mantener un hogar e hijos y tal vez un marido sin ingresos. Es que realmente la metáfora de morir por amor se pone en evidencia en situaciones disímiles, pero todas atravesadas por la misma necesidad.

La realidad demuestra que los hombres divorciados o viudos tienden más rápidamente a formar pareja. Las mujeres sobreviven solas sin tanta dificultad; pero, curiosamente, la literatura expresa como cualidades propias de la mujer, la dependencia emocional, afectiva y económica.

Tal vez el SIDA, entre otros aprendizajes, sirva para poner en evidencia la otra cara de las mujeres, la de la necesidad imperiosa de hacer cuanto esté al alcance por los hijos y por el sostenimiento de una estructura, aun cuando el costo sea la propia vida.

Bibliografía
Berer, Marge.1993.La mujer y el VIH/SIDA. Londres, Pandora Press.
Emerger. Investigación SIDA y estereotipos de género, las dificultades del autocuidado en las mujeres.
Iurcovich, Mariana. 1996. Drogadicción y SIDA. En: Drogadicción, teoría y clínica, pp .99-103. Buenos Aires, Editorial Gabas.
Kamentzky Sofia. 1997. Capítulo Argentina. En: Robert Francoeur, compilador, The International Encyclopedia of Sexuality, pp.30-82. New York, Continuum.
Kaplan, Helen.1989. Las mujeres y el SIDA. Buenos Aires, Planeta.
Landau-Stanton, Judith; D. Clements, Colleen. 1993. AIDS Health and Mental Health. New York, Brunner Mazel Press.
Londoño, Mari Ladi. 1990.Transición y soledad. En: El malestar silenciado, la otra salud mental. Ediciones de las Mujeres Nº 14, pp 57-66.
Torres, Carmen. 1996. La otra mirada de la salud mental. Agenda Salud, julio-septiembre 1996.

* Mariana Iurcovich. Licenciada en Psicología. Ha implementado el modelo de Consultorías interdisciplinarias para el abordaje del SIDA en diversos hospitales en la provincia de Buenos Aires. Ha dictado seminarios y posgrados en la Universidad de Buenos Aires sobre el tema. Ejerce la práctica clínica con consultantes afectados por el VIH/SIDA, supervisa colegas y hospitales capacitados con su modelo. Consultora para organismos internacionales: WHO, UNAIDS, USAID, FHI.

 PANORAMA MUNDIAL DEL SIDA A FINES DEL AÑO 2000

Personas que viven con el VIH o SIDA
 Hombres 18,3 millones (50,7%)
 Mujeres 16,4 millones (45,4%)
 Menores de 15 años 1,4 millones (3,9%)
 Total 36,1 millones (100%)

 Personas infectadas por el VIH en el año 2000

 Hombres 2,5 millones (47,2%)
 Mujeres 2,2 millones (41,5%)
 Menores de 15 años 600.000 (11,3%)
 Total 5,3 millones (100%)

Defunciones totales causadas por el SIDA desde el comienzo de la epidemia (fines de los años 70-comienzos de los 80)

 Hombres 8,5 millones (39%)
 Mujeres 9,0 millones (41,3%)
 Menores de 15 años 4,3 millones (19,7%)
 Total 21,8 millones (100%)

 Defunciones causadas por el SIDA en el año 2000

 Hombres 1,2 millones (40%)
 Mujeres 1,3 millones (43,3%)
 Menores de 15 años 500.000 (16,7%)
 Total 3 millones (100%)
Fuente
ONUSIDA/OMS. 2000. La epidemia de SIDA: situación en diciembre de 2000.
Disponible en internet:
www.unaids.org/epidemic_update/report_dec00/index_dec.html

PORCENTAJE DE LOS ADULTOS VIH-POSITIVOS QUE SON MUJERES
Diciembre 2000
 Región Mujeres Principales modalidades de transmisión
Africa subsahariana  55% Hetero
Africa del Norte y Oriente Medio  40% Hetero, CDI
Asia meridional y suroriental  35% Hetero, CDI
Asia oriental y Pacífico   13% CDI hetero, VSV
América Latina  25% VSV, CDI, hetero
El Caribe   35% Hetero, VSV
Europa oriental y Asia central  25% CDI
Europa occidental  25% VSV, CDI
América del Norte   20% VSV, CDI, hetero
Australia y Nueva Zelandia  10% VSV
Total  47%  
CDI: a través del consumo de drogas intravenosas.
VSV: varones que tienen relaciones sexuales con varones.
Fuente: ONUSIDA/OMS. 2000. La epidemia de SIDA: situación en diciembre de 2000, p. 5. (Extractos del cuadro Estadísticas y características regionales del VIH/SIDA).



 
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