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Cobertura especial: Conferencia de Monterrey
Las contradicciones del Consenso de Monterrey
Entrevista a la economista Cecilia López

Aplausos logró Cecilia López, economista colombiana que forma parte del grupo Iniciativa Feminista Cartagena,* al criticar duramente el Consenso de Monterrey en uno de los paneles del Foro Global de ONG (14-16 de marzo 2002) entre la sociedad civil y representantes del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de Naciones Unidas. El Consenso de Monterrey es el documento que los gobiernos discutieron y aprobaron en la Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo (18 al 22 de marzo, en Monterrey, México).

En su discurso, la ex ministra de Agricultura y ex ministra de Medio Ambiente de Colombia (en los gobiernos de Belisario Betancur y Ernesto Samper, respectivamente), señaló que una de las principales contradicciones del Consenso de Monterrey es plantear al comercio internacional como el motor del desarrollo. Al respecto, señaló que los países en desarrollo y, en particular los de América Latina, son los únicos que han levantado las barreras comerciales: "Tanto es así que, hoy, en América Latina, las importaciones han crecido mucho más que las exportaciones. El año pasado, las exportaciones de América Latina crecieron sólo el 2 por ciento. Eso es un desastre. Ahora bien, al mismo tiempo, los países desarrollados no sólo no han levantado las barreras, sino que han creado nuevas. Estados Unidos acaba de crear la barrera al acero. La pregunta es: ¿por qué ni las Naciones Unidas, ni el Fondo Monetario Internacional ni la Organización Mundial del Comercio han dicho una sola palabra al respecto?".

Cecilia López, quien también fue embajadora en Holanda, señaló como contradicción lo relativo a la inversión extranjera, mencionada en el Consenso de Monterrey como una importante fuente de recursos externos para los países en desarrollo. Expresó que, paradójicamente, "según el último estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el destino de la mayor parte de la inversión extranjera son los países ricos. Las cifras de la CEPAL demuestran que el año pasado, cuatro quintas partes del flujo de inversión extranjera fueron para Estados Unidos, Inglaterra y países de la Unión Europea. Sólo un quinto del flujo de inversión extranjera tuvo como destino a los países pobres, básicamente de América Latina y de Asia. Es verdad que la inversión extranjera es un motor del desarrollo, pero no para los países pobres -como lo aseguran las instituciones financieras internacionales-, sino para los países ricos".

Indicó no entender "cómo el presidente de Argentina y el de Colombia, dos países que están desmoronados, vienen aquí a ponerle el sello al Consenso [de Monterrey] que puede significar una nueva patente para seguir aplicando estas políticas durante una década más, lo que llevará a estos países, realmente, a una tragedia: más pobreza, peor distribución del ingreso y crecimientos mediocres del cero y uno por ciento".

La más importante

Luego, en entrevista exclusiva con Isis Internacional, Cecilia López insistió en que la contradicción más importante del Consenso de Monterrey es la que se plantea entre los objetivos y los medios: "El objetivo es generar recursos fiscales, financieros, adicionales para el desarrollo de los países pobres. Loable propósito.

Sin embargo, todo lo que proponen para hacerlo ha demostrado, durante los últimos diez años, que no funciona. Recursos internos: ¿cómo va a generar recursos internos si no se está creciendo? Comercio internacional: ¿cómo va a generar recursos si se está importando y no exportando? Las exportaciones crecieron en América Latina en el último año sólo un 2 por ciento. Inversión extranjera: mentira; la inversión extranjera se va a los países ricos. La contradicción fundamental del Consenso de Monterrey es que se supone que todos estos esfuerzos son para aumentar recursos para el desarrollo de los países pobres, pero nada de lo que se propone genera nuevos recursos".

Las mujeres

Ante nuestra pregunta de cuáles deberían ser los principales elementos para crear una agenda propia de la sociedad civil para el desarrollo, desde una mirada de género, expresó:

"Yo creo que tenemos todos los elementos para que las mujeres lideren lo que serían los elementos básicos de un nuevo paradigma de desarrollo. Yo he insistido mucho en que las mujeres tienen que entrar al ámbito económico. Es la única forma de llegar, realmente, a los niveles de poder y producir los cambios que las mujeres, y que la equidad en general requiere, porque la equidad parte desde la equidad de género. Nosotras tenemos la experiencia, ya sabemos lo positivo del modelo de desarrollo anterior, sabemos lo positivo y lo negativo del modelo actual, sabemos que hay un espacio, que hay un gran cuestionamiento. Yo no veo cómo se pueda seguir imponiendo en América Latina el Consenso de Washington,** a menos que sea por temor, o por subordinación.

Yo insisto en que hay que generar riqueza, ese es el principal problema. La generación de riquezas puede tener otras formas de capitalismo. No tiene que ser el capitalismo estadounidense. Hay otras formas. Frente al insuficiente esfuerzo externo, hay que hacer un esfuerzo interno. Volver a mirar el mercado interno. Menos importaciones y más exportaciones.

En segundo lugar, creo que hay que hablar de un nuevo contrato social. En general, el gasto público no ha permitido la equidad; ni la equidad de género ni la equidad en general. Creo que el principio de la democracia económica, es decir, escoger sectores donde se genere el derecho al trabajo y al empleo en la base misma, va a permitir una equidad. Y eso tiene que cruzarse, necesariamente, por género. Género es una variable analítica fundamental. En América Latina hombres y mujeres juegan papeles distintos y hay pruebas de que han sufrido el impacto del desarrollo de manera diferente. De tal manera que con ese principio se puede redistribuir en la base, y no con el gasto público, porque éste está contaminado por la inequidad y la corrupción.

Y, por último, tomemos del Consenso de Washington la estabilidad, sin llevarla a la exageración a la que se la ha querido llevar. Creo que la estabilidad es valiosa; nadie quiere volver a tener hiperinflaciones, nadie quiere tener populismo macroeconómico. Pero estos ajustes y esta política procíclica han sido muy dañinos. Yo propongo, como persona, lo que llamo el CASE, el capitalismo nacional socialmente eficiente, aceptando Estado y mercado como elementos que se combinan, según el país. Y que cada país tenga derecho, dentro de estos paradigmas, a amoldarse a sus necesidades, compensar el esfuerzo externo (que no ha sido lo que queríamos) con el esfuerzo interno; valorizar la inversión nacional y el ahorro nacional; poner freno a la inversión externa que, como vimos, beneficia más a los países ricos. Creo que tenemos todos los elementos para construir una América Latina diferente. Primero, América Latina es la que más ha sufrido. Segundo, fue la que aplicó más seriamente el Consenso de Washington. Tenemos el capital humano porque hemos tenido un desarrollo humano muy superior al desarrollo social. Tenemos la forma de construir un nuevo paradigma".

Respecto del futuro del modelo neoliberal, dijo: "Yo no veo al neoliberalismo sobreviviendo en América Latina. Con la crisis argentina, con los nuevos pobres latinoamericanos, con el nivel de educación que tenemos, América Latina está perdiendo el norte en el panorama mundial. Eso es un costo muy alto para el mundo en general. Yo no creo que el neoliberalismo viva. La gente está en la calle. América Latina está en las calles protestando. Yo creo que es inevitable que se plantee un nuevo modelo de desarrollo. Y a estos bancos y a estas instituciones les va a tocar. Y es parte de toda esta movilización convencerlos de que no pueden seguir así".

Carmen Torres, enviada especial a Monterrey

Notas:

* Integrada por REPEM/DAWN; Programa DES, Derechos Económicos y Sociales de UNIFEM Región Andina; Red Internacional de Género y Comercio; Red de Mujeres transformando la Economía; CLADEM; Mujer y Hábitat de América Latina; Grupo de Economistas Feministas; Milenio Feminista; Campaña "Las Multilaterales en la Mira de las Mujeres"; Articulación Feminista MARCOSUR.
** El Consenso de Washington fue el nombre que el economista estadounidense John Williamson dio, en 1990, a las políticas neoliberales impuestas por los organismos financieros internacionales a finales del decenio de 1980. Estas políticas fueron las de ajuste estructural, liberalización comercial, privatizaciones, desregulaciones, entre otras. Una de las mayores críticas al Consenso de Washington es que no considera el tema de la equidad.

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