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La
Cumbre de Mujeres Afganas por la Democracia y los Derechos Humanos
Fuente: Radio
Internacional Feminista (FIRE), Bruselas, 7 de diciembre, 2001
Pusieron
en paréntesis temporalmente una guerra inconclusa, suspendieron
por el momento sus labores en los centros de trabajo clandestinos
que ellas mismas crearon durante el régimen talibán,
dejaron bajo la responsabilidad de otras mujeres las familias que
han ayudado a sobrevivir, y cargaron consigo el bagaje de experiencias,
dolores y amarguras, su fuerza y su capacidad de amar y trajeron
la esperanza. Viajaron con sus cargas a Bruselas, para encontrarse
con sus compatriotas desplazadas por el mundo entero, que llegaron
de Pakistán, Irán, Kirguizstán, Tayikistán,
Rusia, Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia.
Por nuestra
identidad
"Venimos a idear la manera de recuperar nuestros derechos como mujeres,
sobre todo la paz, la democracia y los derechos económicos
y sociales de acuerdo a la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, y con los principios del Islam y nuestras tradiciones culturales"
dijo Qadria Yazdan Parast, refugiada en Holanda desde 1998. "Ahora
que el mundo nos está prestando atención, queremos
cambios fundamentales. Que se afirme la voluntad popular y se respete
nuestro pueblo sin discriminación de género o de otra
índole. Queremos que el gobierno de transición evite
todo monopolio basado en la etnia, el idioma, el lugar geográfico
o el género. Nosotras las mujeres estamos luchando por nuestra
identidad perdida y contra la indiferencia internacional ante esa
pérdida".
Las 38 mujeres
que vinieron a la Cumbre trabajaron una agenda que contiene una
serie de demandas ante la comunidad internacional y que son parte
del proceso interno de negociación que apenas se inicia en
Bonn y en el cual han estado representadas por primera vez. "Nosotras
estuvimos hasta el final para garantizar que no hubiese amnistía
para los responsables de violaciones a los derechos humanos" dijo
en conferencia de prensa Sama Wali, afgana residente en Estados
Unidos y coordinadora del Centro de Mujeres Refugiadas para el Desarrollo.
Wali es una de las tres mujeres que acompañaron a las delegaciones
de su país de origen en la mesa de negociación. Pero
a última hora, y a espaldas de Wali y de las otras dos mujeres
que se habían desplazado de Bonn a Bruselas, los caballeros
de la mesa redonda anti-talibán eliminaron el párrafo
que prohibía la amnistía. Sin embargo, se logró
el acuerdo que creó un gobierno interino de medio año
y una plataforma que crea las condiciones para una elección
que instale un nuevo gobierno. Dos mujeres forman parte del gabinete,
una para el Ministerio de la Mujer y otra para el de Salud.
La proclama
de las afganas
En su propia Cumbre de dos días, las afganas lograron redactar
un pliego de peticiones y crearon su propia red para luchar por
posicionarse en el lugar que le pertenece en el proceso de reconstrucción
y desarrollo de su país, convertido en "un montón
de basura", según la fundadora del Instituto para el Aprendizaje,
Sakena Yacoobi, afgana residente en Pakistán. Más
que recoger la basura, quieren "reciclar" su país para conquistar
un lugar digno para ellas y para el resto de la población.
Dicen que durante los últimos 23 años, el pueblo afgano
ha vivido en la oscuridad. "Las mujeres unimos fuerzas para establecer
una sociedad civil y devolverle al país los valores democráticos
mediante la educación y la cultura. La educación y
la cultura transcienden la realidad de nuestras vidas. Su poder
y energía creativa puede ser un elemento catalizador para
la paz y un antídoto para sanar las heridas nacionales y
para salvaguardar nuestra herencia cultural para que no desaparezca".
En este sentido recomiendan a la comunidad internacional que condicione
el apoyo económico al respeto de los derechos y el buen trato
a las mujeres, y el retorno y la garantía de condiciones
legales y sociales a los repatriados y repatriadas.
Demandan,
entre otras cosas:
- El derecho
de las mujeres a votar y ser electas.
- Inclusión
de mujeres en la Loya Jirga (asamblea popular).
- Un plan de
emergencia para abrir las escuelas, contar con un nuevo currículum
y entrenar a maestras.
- La reconstrucción
de hospitales y su abastecimiento con medicamentos, tratamientos
y servicios, incluyendo atención psicológica y salud
materno-infantil
- Reconstrucción
de sistemas de abastecimiento de agua potable, de un programa
de alimentos, y campañas de vacunación.
- La inclusión
de especialistas afganas en el proceso de redacción de
una nueva Constitución que incluya el principio de no discriminación.
- La prohibición
del matrimonio adolescente y forzado y el hostigamiento sexual.
Conocida como
la Proclama de Bruselas, la declaración de cuatro páginas
hace historia en más de un sentido. Por un lado, es la primera
vez que las mujeres en situación de guerra usan la recientemente
adoptada Resolución Nº 3325 de Naciones Unidas (septiembre
del 2000) para afirmar su derecho a estar en las negociaciones.
El acuerdo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas afirma "la
importancia de la participación igualitaria y la plena participación
de las mujeres en los esfuerzos por mantener y promover la paz y
seguridad, así como la necesidad de reconocer y potenciar
su rol en la toma de decisiones con respecto a la prevención
y solución de conflictos".
Por primera
vez
Por otro lado, parece ser la primera vez que se realiza una reunión
de tal naturaleza, donde las mujeres se dan un espacio propio para
definir su agenda y estructuras antes de la vorágine de las
nuevas tareas de la reconstrucción, pero, sobre todo, antes
que los caballeros cocinen todo en su mesa sin que ellas sean convocadas
a limpiársela. "Cómo hubiese querido que las mujeres
de la antigua Yugoslavia hubiésemos tenido esta oportunidad
que están teniendo las afganas" dijo la croata Rhada Borish,
del Centro de Mujeres Sobrevivientes de la Guerra. "Cuando nosotras
nos dimos cuenta, ya todo estaba trazado sin nosotras. Nos ha costado
encontrarnos, reconocernos, amalgamarnos, porque hemos tenido que
hacerlo en medio de la presión política, las rencillas
étnicas, la ayuda humanitaria dispersa, la falta de representación
y el desmantelamiento de los movimientos sociales. Pudimos habernos
apoyado mutuamente si hubiésemos tenido un espacio parecido
a éste".
La situación
que se inicia es también novedosa para las parlamentarias
europeas y los grupos de lobby de mujeres de occidente. "Desaprovechamos
la oportunidad de usar nuestra influencia política después
de la guerra en los Balcanes, para asegurar que se otorgara la ayuda
sobre la base del respeto de los derechos de las mujeres, sus necesidades
y su participación en las decisiones. Ahora eso va a depender
de que los ojos del mundo estén alertas e interesados en
lo que pasa en Afganistán. Sólo limpiar los campos
minados para poder implementar los otros aspectos de los planes
de ustedes tiene un costo de 500 millones de dólares. La
ayuda tiene que ser condicionada a la comprensión del papel
central de las mujeres" dijo Anne-Marie Lizin, del Consejo de Mujeres
Belgas.
Angela King,
Asesora en Asuntos de Género del Secretario General de Naciones
Unidas, dijo que hay un inicio en los acuerdos de Bonn, "pero en
Bruselas a través de la Proclama de las mujeres afganas,
hemos conocido las prioridades prácticas de las mujeres.
Este acuerdo derriba el mito de que la situación en Afganistán
es demasiado compleja como para ser manejada por ellas. Aquí
hay mujeres que viven dentro y fuera del país, absolutamente
capaces de dirigir el país por sí mismas, pero en
comunidad con los hombres. Espero que eso se haga una realidad y
hay que seguir presionando para que se implemente plenamente. Monitorear
el proceso en todos los órganos de Naciones Unidas y los
parlamentos es necesario".
La solidaridad
de mujeres del mundo con las afganas
Paralelamente a la Cumbre de dos días, mujeres de las organizaciones
que ayudaron a las afganas a reunirse, tales como el Cabildeo de
Mujeres Europeas, Igualdad Ya, Día-"V" contra la Violencia,
el Centro para Iniciativas Estratégicas de las Mujeres y
la organización Feminist Majority, integrantes de otras organizaciones
no gubernamentales, de Naciones Unidas y del Parlamento Europeo,
se reunieron para redactar un pliego de solidaridad con las afganas.
Participaron mujeres y organizaciones de Bélgica, Croacia,
Francia, India, Italia, Jordania, Marruecos, Holanda, Pakistán,
Palestina, Somalia, Tayikistán, Tunisia, Turquía,
Inglaterra, Grecia y Costa Rica. Entre los acuerdos tomados se comprometieron
a luchar para lograr que los fondos de ayuda a Afganistán
sean condicionados a que ese país considere la participación
de las mujeres en la toma de decisiones; que una parte de los fondos
sea designado para las organizaciones no gubernamentales de mujeres;
que se usen fondos para implementar las prioridades diseñadas
por las mujeres afganas en su Proclama de Bruselas; que el 8 de
marzo del 2002 Día Internacional de la Mujer
sea celebrado bajo la consigna "Afganistán está en
todas partes" como expresión símbolo de que compartimos
con las afganas su clamor por el respeto de sus derechos y apoyando
la creación del Ministerio de la Mujer adoptado en las negociaciones
de Bonn, entre otros.
Los retos
futuros
Las asistentes a la Cumbre celebraron los logros de la misión
y analizaron los retos que se llevan de regreso a su país,
a sus trabajos cada vez más limitados y el reencuentro con
sus familias dispersas por el país y las tierras vecinas.
Según
Amnistía Internacional y el Programa Mundial de Alimentación,
un número estimado de 6 millones de refugiados dentro del
país y otros varios millones en los países vecinos,
necesitan desesperadamente ayuda humanitaria. Afganistán
tiene la población refugiada más grande del mundo,
con una cantidad adicional de 300 mil personas refugiadas producto
de la guerra actual. Más del 65 por ciento son mujeres, niñas
y niños.
Más allá
del acuerdo de incluir en el programa un Ministerio de la Mujer
y de haber nombrado a dos de ellas en el nuevo gobierno, necesitan
convencer a las fuerzas en conflicto de que ellas no van a estar
allí para decorar el ambiente. "Queremos estar en el gobierno
y vamos a trabajar para ello, pero todavía en estos momentos
no nos sentimos seguras allá. Hemos tenido una guerra de
veinte años, así es que tenemos que continuar el trabajo
afuera y cuando la situación lo permita, movernos dentro
del país. Esperamos que la comunidad internacional nos ayude
a lograr eso" dijo Yacoobi "Aquí hemos tenido una oportunidad
de hablar por nosotras mismas y traer nuestras ideas y necesidades.
Esta es la primera parada en el camino. Logramos escucharnos y ponernos
de acuerdo, colocando a un lado nuestras diferencias. Ya tenemos
dos mujeres en el nuevo gobierno, es algo, pero no es suficiente.
Nosotras somos 50 por ciento de la población. Queremos más.
Somos las que más que hemos sufrido, sin embargo, somos fuertes
y estamos listas para reconstruir el país".
En la conferencia
de prensa que se realizó al término de la Cumbre,
la Presidenta de la Comisión del Comité de Derechos
de la Mujer e Igualdad de Oportunidades del Parlamento Europeo,
Margaret Britt, reconoció que ella se opuso a la guerra y
los bombardeos, pero que tuvo poco éxito en convencer a otros
para que tomaran la misma postura. Por su parte, Yacoobi dijo que
Afganistán necesita la ayuda de la comunidad internacional,
pero que "la gente afgana tiene que regir el país, no los
extranjeros. Ellos deben ayudar a que nosotros hagamos lo nuestro.
Espero que cumplan su promesa en ese sentido".
En respuesta
a una pregunta acerca de los intereses petroleros en la región,
Sima Wali dijo que hasta ahora se han tratado estos temas superficialmente,
pero "hay que ir más allá para ver la raíz
de los problemas de Afganistán y la región, incluyendo
las implicaciones políticas que traen los planes de las compañías
transnacionales de construir un oleoducto que pase por ahí".
Asma Jangliid,
de la Comisión de Derechos Humanos en Pakistán, dijo
a Radio Internacional Feminista que "es importante hablar también
acerca de la falta de democracia en otros regímenes de Asia
y contrarrestar las políticas miopes como las de Estados
Unidos, que apoyan a dictaduras militares y otros gobiernos autoritarios
como el de Pakistán, y que tienen como resultado, a largo
plazo, el contraataque (backlash) de grupos o individuos
agresivos".
Un tema difícil:
la religión
Uno de los temas no planteados y aplaudido ampliamente en la sesión
de intercambio entre las afganas, las parlamentarias europeas, funcionarias
de Naciones Unidas y activistas de otros países, fue el de
la resistencia de las mujeres para no permitir que se utilice la
religión con fines políticos, dijo la ex eurodiputada
Emma Bonino, quien reconoció que es un tema sensible, que
requiere mayor discusión. "Y no hablamos sólo del
Islam, sino de todas las religiones. Hablamos de separar la religión
del Estado, secularizar la política, porque la religión
ha sido explotada con fines políticos y las mujeres han sido
las víctimas de ello. En mi país, Italia, la Iglesia
Católica ha sido un gran obstáculo para la emancipación
de la mujer. La religión es un asunto tan importante y una
parte tan sustancial de los derechos humanos que para respetar las
creencias personales, debemos rechazar que se use para fines políticos".
Jangliid dijo
que la intolerancia religiosa mediante la politización ha
crecido en los últimos veinte años, "pero no empezó
en Afganistán sino en mi país (Pakistán) y
luego se extendió por India y Bangladesh. Hay una falta de
conciencia política en occidente y eso es lo que ha llevado
a lo que allá se le llama fundamentalismo y nosotros llamamos
"jugar a la política a nombre de la religión. Les
recuerdo que a finales de los años setenta y principios de
los ochenta, el jihad no vino de nuestra región, sino
de occidente. Hay una lección: el fin nunca puede justificar
los medios. Lo que pasa ahora es el resultado de la política
de los años setenta. Ahora nos está tocando limpiar
el embarre que se hizo en esa época".
Yazdan Parast
dijo que "este es tan sólo un comienzo. Queremos que esta
Cumbre se convierta en una red nuestra que nos permita participar
en forma independiente, como mujeres, en el nuevo gobierno de transición
y después". Wali añadió que "hasta ahora hemos
tenido éxito por la fuerza y la inspiración que llevamos
a la mesa y que proviene de las mujeres afganas, de las mujeres
de otras partes que hemos conocido en los últimos veinte
años y el apoyo de Naciones Unidas. Ahora que hemos tenido
éxito al acordar un plan de paz, tenemos el reto de que el
plan se implemente, en espíritu y en la acción en
el terreno. Pero tenemos que tener cuidado. El problema de la mujer
afgana es complejo y necesitamos tener cuidado para asegurarnos
que el pueblo de Afganistán sea el verdadero beneficiario
de este plan, en particular el 50 por ciento que son las mujeres.
Las mujeres no hemos hecho la guerra, pero tampoco nos hemos cruzado
de brazos en medio de ella. Hemos luchado por la paz en las condiciones
más adversas, sin embargo, la lucha apenas empieza".
Editado por Isis Internacional.
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